El destino nos ha puesto a la Orden de los hospitalarios en alta estima del rey. Hace semanas logramos evitar un intento de asesinato en el gran salón por obra y guía del Alto en los cielos y el rey en agradecimiento nos ha obsequiado dos hermosos corceles de guerra los cuales serán utilizados en nuestra labor de guardias de los caminos entre la capital del reino y la ciudad de Veritas.
Con el paso del tiempo los deberes de la Orden llenaron nuestro tiempo, y el servicio de guardia me ha llevado de Paradero a la capital del reino en varias ocasiones, algunas de las cuales se han visto perturbadas por asaltantes y criaturas con malas intenciones a las que hemos presentado batalla con afortunados resultados.
Los caballos que el rey obsequió a la Orden están entrenados y como gesto de buena voluntad padre ha accedido que sea uno de los novatos además de mí los que guíen tan magníficas bestias. En esta ocasión nuestra comitiva custodia un grupo de peregrinos entre los cuales está un viejo amigo de padre de los tiempos en los que compartía con los nobles en el gran salón del castillo del rey. Su conversación es acerca de las políticas entre la corte y padre comenta como dejó esa vida para dedicarse a la Orden. No puedo negar mi aburrimiento y con gusto me uno a los demás hermanos que recibieron la bendición de los clérigos y el rey mismo en nuestro voto de obediencia a la Orden.
Sarian la implacable, como rápidamente fue dada a conocer, estaba a cargo de la patrulla por órdenes de padre y por ser un caballero del cuarto círculo. Ella normalmente residía en el refugio del paso del este conocido como Refugio Orodamar, un reflejo opuesto de la ubicación de Paradero. Se unió a la comitiva junto a sus tres novatos como parte de su peregrinación, pues hizo saber a mi padre en presencia mía que necesitaba el consejo del señor de Veritas. La experiencia marcaba su rostro tostado por el sol y la firmeza con la que sujetaba las riendas y su porte denotaban su autoridad y fuerza de personalidad.
El ataque cayó por sorpresa, pero afortunadamente fuimos capaces de resistir el ataque sin sufrir la pérdida de viajantes. Para nuestro infortunio, Willem Greenbark, uno de nuestros novatos cayó herido por la flecha de un trasgo cuya maldita puntería le causó una herida tan grave que lo tumbó de su montura antes de que pudiéramos socorrerle.
Sarian, al ver la tragedia sobre uno de los pupilos de padre, tomó la vida del trasgo con su arco en un movimiento sutíl y fluído. De inmediato descendió de su corcel para socorrer a Willem cuya herida le hacía escupir sangre por la boca y poco a poco apagaba su respiración. Yo descendí de mi montura desenvainando mi espada y cubriéndoles con mi escudo, a la espera de lo necesario para socorrerla en cualquier necesidad.
Ella descubrió sus manos retirándose los guanteletes y el casco, dejando al descubierto su élfica ascendencia. Después aproximo sus manos a la flecha enterrada en el cuerpo de Willem quien apretaba los dientes resistiendo el dolor mientras sangre brotaba de sus labios.
De un rápido tirón la fecha salió despedida manchando el suelo con la sangre de mi compañero, arrancando de la garganta de Willem un grito de dolor y agitando su respiración. Aprovechando la escaramuza, un ogro de gran tamaño se hizo camino hacia nosotros mientras nuestros compañeros protegían a los peregrinos del ataque de nuestros agresores.
El golpe de su maza fue terrible, mi escudo se abolló con el impacto casi dejando mi brazo inutilizado. Usando mi espada le hice frente y logré herirle la pierna. Esa criatura posee una resistencia notable y mi herida solo parece haberle motivado a encarnizar sus ataques.
Con el siguiente impacto mi escudo es lanzado por los aires al igual que yo. He caído tras volar sobre Sarian y Willem, dejando a ambos indefensos al ataque del ogro.
Sarian se ve obligada a dejar de atender las heridas de Willem, para que el tenga oportunidad de sobrevivir, nuestro atacante debe morir primero. Con un rápido movimiento se pone en pie y con su pierna alza en vuelo una lanza que aterriza hábilmente en sus manos. Dejando mi ahora inútil escudo en el suelo me uno a la batalla con mi espada sostenida por ambas manos.
"¡¿Qué es lo que haces?!" - me pregunta Sarian con enojo - "Yo me encargo de este ogro, tu atiende al muchacho... ¡Ahora!" - Me ordena con todo el poder de su autoridad.
El ogro arremete de nuevo y esta vez quien le detiene es Sarian apoyando su lanza preparada para el ataque de la horrenda criatura. Antes de obedecer le hago entender que no he sido entrenado en el arte de la curación.
Con la rapidez que le he visto demostrar en el combate, sostiene mi antebrazo izquierdo con firmeza. Ahí donde lo sostiene comienzo a sentir un ligero calor que asciende hasta hacerse molesto mientras recorre mi antebrazo hasta alojarse en el dorso de mi mano.
"¿No eres tú un instrumento de la voluntad del Alto en los cielos?" - pregunta cuestionándome tajante - "¿Acaso no es capaz de obrar milagros a través tuyo?"
Con mi fe estimulada por sus palabras asiento con convicción y me dirijo hacia Willem mientras me retiro los guanteletes y me quito el yelmo descubriendo mi rostro hacia el sol antes de ayudar a mi compañero de orden. Puedo ver sobre el dorso de mi mano una nueva marca que encierra el texto que puedo leer sin dificultad y que hace que mi espíritu se eleve en fervor espiritual. Si un milagro ha de pasar, este es el momento, pues puedo ver con preocupación como Willem pierde el sentido y el brillo de sus ojos se apaga lentamente mientras su respiración se hace más lenta y pausada.
En mi mano puedo leer el don que se me ha dado:
"Por mi Designio: Sé capaz de ahuyentar las heridas, así como de mí huye la oscuridad"
Mi respuesta, desde hace tiempo enseñada, es pronunciada en el idioma de los cielos a la vez de que mis manos se depositan sobre la dañada armadura de Willem:
"Haz de tu Voluntad la salud del afligido, y de mis manos el instrumento de tu milagro"
La marca se desvanece como el polvo arrastrado por el viento a la vez que un ligero y casi imperceptible fulgor se manifiesta entre mi mano y la herida de mi compañero, cuya sangre deja de brotar. La respiración de Willem se regulariza y el brillo vuelve a sus ojos antes de que se cierren por agotamiento.
El efecto de este milagro roba mi atención por completo hasta que el grito de Sarian delata que mi ayuda puede ser necesaria en el combate. El ogro está malherido y Sarian ahora usa su espada al estar demasiado cerca de la criatura para poder usar su lanza. Con los ánimos encendidos tomo mi espada y rodeo al ogro creando la distracción necesaria para que Sarian despache al ogro con un golpe terrible de su espada cortando su barriga por cuya herida se derraman sus entrañas, al igual que escapa su miserable y maligna vida.
Horas después continuamos nuestro viaje hacia Paradero, donde una victoria en este viaje fue obtenida, ninguna vida fue perdida y un nuevo regalo fue dado. ¿Hubiera preferido un viaje aburrido y tranquilo? Mil veces que así fuera por la seguridad de la gente a la que protegemos. Pero el deber de la Orden es primero..., y el día de hoy me siento orgulloso de haber honrado junto a mis hermanos mi juramento.
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